Revolución: entre larga vida y triste final

Revolucion Bolivariana

/Por Carlos Machado Villanueva/ El Peatón/

Si algo es deseable en la actual coyuntura histórica, ello es que el alto mando político de la revolución bolivariana tenga real comprensión de cómo el estado de ánimo de las masas populares es sometido a una guerra psicológica implacable, a la vez que de su consecuencia, que no es otra que la desmovilización política en defensa de sus conquistas revolucionarias, que es lo que ahora observamos como signo predominante, aunque cueste reconocerlo.

Si no es así, preguntémonos dónde están entonces las grandes movilizaciones del pueblo contra la guerra económica que la oligarquía apátrida ha desatado en su contra, y contra el fascismo criminal liderado por el ultraderechista Capriles Radonski. Cuando se producen, lamentablemente es a través del manido recurso al “borreguismo” ministerial de obligar a los empleados a marchar.

Una debilidad que influye a favor de este objetivo clave de la derecha nacional e internacional para el éxito de su plan contrarrevolucionario, es la inexistencia de un verdadero partido revolucionario, sin duda uno de los anhelos d Chávez y en el cual insistía siempre, en su titánica labor de educar políticamente a su pueblo. Lo cual no significa otra cosa que la existencia de un partido enraizado hasta los tuétanos con el sentir de esas masas, sus urgencias y aspiraciones inmediatas mas sentidas.

Ya no funciona ni convence a esas masas solo la acción espasmódica que, con un despliegue mediático efectista aun cuando necesario en las primeras de cambio, por aquello de que peor es nada, llega a una comunidad y se va sin dejar un saldo organizativo real, póngasele el nombre que se le ponga.

Así, vemos cómo todos los llamados a la organización popular y partidista vitales para la continuidad de la revolución, hechos en estos eventos ocasionales, en su mayoría encabezados por estos días por el alto mando, se esfuman al estos dar la espalda de vuelta a sus despachos en el alto gobierno y/o partido; y con ello la peligrosa inercia social de “dejar hacer, dejar pasar” la labor conspirativa de la derecha apátrida

El drama que ahora atraviesa este ciclo de la revolución bolivariana, es precisamente el de no contar con el partido de cuadros (hombres y mujeres) que operativice inmediata y diariamente en todos sus niveles las directrices que emanan de su dirección política. Pero sobre todo a nivel de las bases militantes.

Sólo un organismo de base del Psuv, del PCV, o de cualquier otro de los partidos revolucionarios, inserto en entorno local específico, pongamos un barrio popular, actuando lo más asertivamente posible en todos sus ámbitos: en lo político, lo organizativo, lo ideológico y lo propagandístico, será garantía para mantener el entusiasmo de las masas a favor d la revolución.

Que este estado d cosas no sea el predominante en la actualidad, es simplemente criminal. Ello es así si se toma en cuenta que, sobre todo el Psuv, dispone de recursos materiales de toda índole, y por supuesto humanos para avanzar rápidamente hacia este objetivo primordial de la revolución. Eso si, la practica no puede ser la de la “guayaberitis roja” con su carga nefasta de “ordeno y mando” y soberbia burocrática, identificadas en el supuesto cuadro de dirección política que no se baja de la camioneta doble cabina para no sudar, ni ensuciarse los zapatos.

La sencillez, la humildad, la ejemplaridad, el respeto al compromiso; la disposición a escuchar, al estudio y análisis de la realidad circundante, la creatividad, la crítica y la autocrítica, entre muchos otras, son virtudes revolucionarias imprescindibles cuando de ejercer un verdadero liderazgo político se trata en todos los niveles de dirección y acción revolucionarias.

Una pregunta que surge al respecto, ¿no deberían a caso las y los concejales bolivarianos, quienes devengan dietas dignas actualmente, contribuir a la ubicación de esos militantes en nuestras barriadas; léase bien: verdaderamente revolucionarios chavistas, que no “chavecos”, y en la conformación de la, como se llame, organización de base: patrulla o célula? Y qué decir de funcionarios públicos con privilegios similares.

Al menos cinco cuadros revolucionarios actuando con una hoja de ruta como la arriba mencionada, insistimos: sobre todo a nivel de bases militantes, le augurará a la revolución bolivariana vida eterna, de lo contrario no habrá milagro, o si prefieren: voluntarismo personal, que impida su triste final. Es hora, pues, de pasar del partido de masas al partido de cuadros para que no sea la última opción la que imponga.

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