¡A un año de su partida tenemos patria y Chávez para rato!

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Carlos Machado Villanueva / El Peatón

05/03/2014

Soy uno  de los pocos privilegiados a quien el Comandante Eterno, Hugo Chávez, llamó por su nombre y estrechó su mano. Fue el 2 de julio de 2012 en la primera rueda de prensa que daría en el Hotel Alba Caracas en ocasión del arranque de su última campaña electoral, de la cual emergió electo presidente por cuarta vez en 14 años y con una altísima votación.

Lucía en esa oportunidad un terno azul oscuro aterciopelado, y debajo una suéter rojo, su color de batalla. Tal vez este hecho provocaba que quienes lo veíamos de frente lo sintiésemos aún muy fuerte, e incluso muy sano, y hasta algo más joven.

“Gracias, Carlos, por tu pregunta”, le escuché decir con ese tono de voz  como si lo conociera a uno de toda la vida. Le pregunté que si no temía que la ultraderecha acudiera a la realización de atentados contra la infraestructura del país tal y como ocurrió en la Nicaragua sandinista para impedir su elección.

Categórico me dijo que no. Transcurrirían 23 días de esa respuesta cuando en el noroccidente del país, en la Península de Paraguaná, en el estado Falcón, una explosión de un sector de almacenaje de combustible del Complejo Refinador Paraguaná (CRP), ocasionaría la muerte de unas 40 personas, incluidos 18 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana, cuyo comando de vigilancia fue pulverizado por la explosión y las llamas.

Aquella respuesta que me dio el Comandante Eterno ahora la entiendo; lo que quería   evitar era que el miedo con el que el fascismo pretende inmovilizar al pueblo en momentos históricos cruciales, y aquellas elecciones del 7 de octubre de 2013 sin duda alguna lo eran, se enseñoreará. Una año después las investigaciones iniciadas para determinar las causas d aquel doloroso hecho determinaron que se trató de u atentado criminal.

Terminada la rueda de prensa se levantó enérgico y se dirigió hacia donde nos encontrábamos sentados los periodistas y a cada uno nos estrechó la mano también con fuerza.

Le entregué un ejemplar de nuestro periódico alternativo “¡El Peatón? -me preguntó. ¿Dónde circula que yo no lo había visto?…”. Lo enrolló y se lo metió en el bolsillo derecho de su chaqueta. “Después lo leo con calma”, me diría.

Quince días después volveríamos un grupo de periodistas a estar sentado frente a él, esta vez en el área techada del Parque El Calvario (Ahora “Ezequiel Zamora”) cercano al Palacio de Miraflores.

Estuvimos más de 4 horas oyendo sus disertaciones y respuestas a las preguntas de los periodistas a los que en esa oportunidad les correspondió preguntar. Igual que en la primera rueda de prensa, teníamos frente a nosotros a un Chávez enérgico y jovial, echador de broma.

Entró de imprevisto un perro al set de la rueda de prensa y le dijo: “¡Bienvenido, señor perro! Pasa adelante pues!”. A su Edecán de siempre, el Teniente Escalona, le pidió que le trajera el disco compacto del cantante mexicano de música ranchera Vicente Fernández. “Ponme el “Maguey florido”, chico”, le dijo, y comenzó a cantar el popular tema.

Aquellas cuatro horas y media transcurrieron sin que nos diéramos cuenta. Él era uno de esos seres privilegiados que lograba esa magia de hacer transcurrir más rápido las horas gracias a su bonhomía.

El Comandante Eterno se levantaría otra vez enérgico y haría unas 50 “bicicletas” con sus piernas rápidamente. “¡Hay Chávez para rato!”, me dije. Sin duda, a un año de su partida física, puedo decir:”¡Tenemos patria y Chávez para rato!”.

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