Análisis / Venezuela no es Grenada, ni Nicaragua, pero de que vuelan… vuelan

530513_10151396071068552_572662617_nLa no presencia del indiscutible poder unificador de Chávez, constituiría hoy día un gran desafío para los bolivarianos y chavistas, obligados como están ante la historia a no permitir un retroceso de lo que parece ser una verdadera democratización en todos los órdenes, sobre todo en justicia social, no sólo de Venezuela, sino además de Latino América y el Caribe, alcanzada si se quiere en poco tiempo gracias al modelo socialista bolivariano, pacífico y democrático, que desarrolló e impulsó hasta su temprana e infausta muerte.

Por Carlos Machado Villanueva

A decir de las reacciones que  han provocado entre los chavistas las carta de dos de los ex ministros  más leales al desaparecido presidente Chávez, como fueron Jorge Giordani y Héctor Navarro, contentivas de críticas a la actual conducción política y económica de la revolución bolivariana,  quizás estemos frente a la primera situación  en la que de verdad se pone a prueba  hasta qué punto  sus dirigentes y militantes internalizaron correctamente la última proclama de Chávez llamando a la “unidad, lucha, batalla y victoria”.

Claro está, dando por descontado  que el máximo líder bolivariano incluía en ella la necesidad de la práctica constante del debate democrático o “batalla” de ideas tanto fuera como dentro de las fuerzas revolucionarias, en particular dentro del Psuv como principal partido de gobierno, lo que siempre consideró conveniente para la salud del proceso que lideró.

Y más aún, como no dejó de resaltarlo nunca, siendo esta una de las características definitorias del socialismo del Siglo XXI por él asumido,  lo que implica la necesaria y permanente presencia de la crítica y la autocrítica en el accionar político bolivariano, y lo más importante que se deriva de ello: la rectificación oportuna si es que este llegara a  desviarse en algún momento del rumbo revolucionario trazado.

Es así como en uno de su últimos documentos, conocido como “Golpe de timón”, surgido del primer consejo de ministros luego de su triunfo del 7 de octubre de 2012, el líder bolivariano llamaba a corregir los vicios que amenazaban la continuidad de la revolución bolivariana, tales como la burocracia, la ineficiencia y la corrupción. E allí su frase hecha consigna “mano de hierro” contra tales morbos sociales.

La situación planteada actualmente con la publicación de las dos misivas, trae a colación una grabación filtrada hacia la opinión pública en la que presuntamente el conductor del programa La Hojilla, Mario Silva, pocos días después de las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013 -que le dieron el triunfo a Nicolás Maduro en la que entre otras cuestiones-, ya hacía referencia a la posición del para ese momento ministro para la Planificación, Jorge Giordani.

Silva pone supuestamente  en boca de este su decisión de renunciar al cargo de ministro de planificación debido a lo que considera desaciertos que observa en la conducción económica post Chávez, en el lapso que va desde el 8 de diciembre de 2012, cuando este parte a Cuba para su última batalla contra la muerte, hasta pocos días después del triunfo de Maduro.

Dos experiencias revolucionarias latinoamericana-caribeñas pudieran servir para analizar hasta qué punto el  manejo no adecuado de las diferencias internas, sumado a la no corrección oportuna de errores, ya sea en materia política o económica, o en ambas inclusive,  pueden incidir negativamente en la continuidad de un gobierno revolucionario; más aún, si como ha quedado demostrado en la historia, la contrarrevolución buscará sacarle el máximo provecho en pos de sus objetivos restauradores de la dominación burguesa e imperialista.

Grenada de las  especias

En una pequeña isla ubicada al norte de la isla de Margarita se encuentra Grenada, un país que antes de cobrar notoriedad por su original revolución democrática y popular, era conocido sobre todo  por ser gran productor y exportador de especias como la pimienta negra, blanca, la nuez moscada entre otras.

En  1979, una situación revolucionaria llevaría al poder al abogado Maurice Bishop en esta isla antillana, quien al frente del Movimiento Nueva Joya dirigió el derrocamiento del  para entonces gobernante pro colonialista Eric Gairy.

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Formado académicamente en Inglaterra, una vez llegado al poder,  Bishop no tardó en identificarse con las posiciones de izquierda marxista e incluso inició un importante acercamiento con la Cuba revolucionaria y con los países del otrora campo socialista.

Las alarmas en el Pentágono durante la administración del “vaquero” Ronald Reagan, no tardarían en encenderse, dando inicio  así a una a una campaña desestabilizadora en la pequeñísima isla antillana  con el fin de salir lo más rápido posible de este  joven y audaz líder antillano, a quien no le perdonarían su desafío a la hegemonía geopolítica en el Caribe oriental estadounidense, contando con la colaboración de las agencias británicas de inteligencia, dada la pertenencia de Grenada a la Commonwealth.

En una demostración de su disposición a actuar soberanamente en su gobierno de corte izquierdista, Bishop iría más a fondo, estableciendo con autoridades gubernamentales de la extinta Unión Soviética de entonces, y con la misma Cuba socialista, un convenio para la construcción de un aeropuerto internacional de gran capacidad, que apuntaba a darle un mayor impulso a la economía de su pequeña isla, sobre todo en materia turística.

Ciertamente y en paralelo con esa orientación estaba la posibilidad de que, una vez operativo este,  los aviones, sobre todo cubanos, podrían hacer escala en este aeródromo grenadiense para reabastecerse en su camino hacia a Angola, hacia donde transportaba su carga de ayuda militar y solidaria con este país africano agredido.

Se trataba de una guerra de agresión por parte del ejército racista sudafricano bajo la órdenes del presidente racista Frederik De Klerk, quien contó además con apoyo estadounidense y del sionismo israelí , enmarcado dentro de la llamada Guerra Fría, dirigida en ese entonces a contener los procesos de liberación nacional y descolonización en el continente negro.

Esta sería la excusa imperialista para salir de Bishop. Y la oportunidad de oro para los planes anti grenadienses de la administración Reagan, llegaría cuando dando una vez más muestras de creatividad y cero ortodoxia política, el joven líder grenadiense se planteó mejorar las relaciones con Washington y viajó a este país para establecer algunos acuerdos en materia económica con empresarios de ese país interesados en invertir en la economía de Grenada, posiblemente en el sector turístico.

Mientras Bishop daba pasos en esa dirección, los agentes  de inteligencia al servicio de los intereses imperialistas estadounidenses y británicos comenzarían su labor divisionista en el seno del Movimiento Nueva Joya, alentando a los sectores de ultraizquierda, encabezados por el para entonces vicepresidente Bernard Coard, de tendencia maoísta, para que  Bishop fuese depuesto bajo el pretexto de que el líder revolucionario grenadiense había traicionado la línea antiimperialista de esta organización política.

Liberado de un secuestro domiciliario por una revuelta popular a su favor ordenado por Coard, Bishop sería nuevamente detenido  y llevado a un fuerte militar, donde su ex compañero de lucha, en complicidad con  el general, también perteneciente al Movimiento Nueva Joya, Hudson Austin,  convinieron su fusilamiento en octubre de 1983 junto a un grupo de sus colaboradores, incluida su segunda esposa y miembra además de su gabinete.

Esta situación de ingobernabilidad sería aprovechada por el  presidente Reagan para activar su plan “Furia urgente”, de supuesta protección de sus ciudadanos en la isla antillana, autorizando una desproporcionada invasión de Grenada, y una vez con la situación bajo su control impondría un presidente títere.

En la acción, cabe recordar, murieron en combate 24 ciudadanos cubanos que laboraban como personal técnico en la construcción del aeropuerto internacional de Grenada, quienes no dudaron en repeler la agresión estadounidense con las armas en las manos.

La Nicaragua sandinista asediada

En vísperas de las elecciones de 1990 que le darían al triunfo a la candidata derechista Violeta Chamorro frente al sandinista Daniel Ortega, la sociedad nicaragüense estaba exhausta por la guerra militar  no declarada llevada a cabo por el ejército “contra” con el apoyo estadounidense,   iniciada un año y medio después de la llegada al poder en julio de 1979 del Frente Sandinista de Liberación nacional, luego de derrotar al ejército de la dinastía de los Somoza, y su último representante, Anastasio hijo, que martirizó al pueblo de Rubén Darío por más de 40 años.

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Se trató de las primeras elecciones multi partidarias acordadas en el Tratado Esquipulas II entre el FSLN y los partidos de derecha, que apoyaron la agresión de la “guerrilla” “contra”, agrupados después en la Unión Nacional Opositora, el pueblo nicaragüense resentía los efectos de la guerra económica contra el pequeño país centroamericano puesta en marcha por empresarios capitalistas comprometidos con los planes desestabilizadores.

Los bienes de primera necesidad escaseaban y no había día durante la duración del conflicto bélico en que no fuese atacada y destruida a punta de bombas alguna empresa de producción de alimentos, o alguna torre de transmisión de electricidad.

La agresión militar arreciaba y obligaba al Gobierno revolucionario sandinista a llamar urgentemente a la conscripción militar a los jóvenes nicaragüenses, para lo cual dictarían una ley.

Paralelamente a ello, se llevaba a cabo una feroz campaña mediática nacional e internacional de satanización y de desprestigio contra los dirigentes sandinistas, con base en mentiras y medias  verdades, entre estas últimas,  la de que algunos de estos llevaban una vida de “nuevos ricos” en las viviendas de lujo y en las fincas confiscadas a los conspicuos representantes y sostenedores del somocismo.

En el interregno, comenzaron a hacerse públicas, y peor aún, a sobredimensionarse mediáticamente las diferencias en el seno del liderazgo sandinista, colocando al escritor y fundador del FSLN, Sergio Ramírez,  en posiciones abiertamente enfrentadas a la dirección sandinista encabezada por Daniel Ortega. Otro que marcaría distancia en ese contexto sería el sacerdote de la teología de la Liberación, Ernesto Cardenal.

Analistas del proceso revolucionario nicaragüense coinciden en que esta campaña mediática, junto al desgaste ocasionado por la guerra de los “contras” y la guerra económica,  operó con eficiencia en la conciencia de un desesperanzado pueblo nicaragüense,

El argumento de que la continuidad  de los sandinistas en el poder significaba la continuidad de la guerra, al parecer surtió su efecto, y el pueblo nica terminaría votando mayoritariamente por Violeta Chamorro en las elecciones presidenciales de aquel febrero de 1990, aun y a pesar de las grandes conquistas en materia de justicia social que alcanzaría en 11 años de revolución bajo la conducción del comandante  Daniel Ortega, quien resultó perdedor.

La ganadora venía precisamente de formar parte del primer gabinete de gobierno revolucionario surgido de la revolución sandinista en julio de 1979, como independiente de corte socialdemócrata, abandonándolo en 1985 por considerar que este se inclinaba hacia una dictadura comunista.

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La  que también fuera esposa del líder antisomocista  Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por órdenes del dictador Anastasio Somoza, sería la abanderada de la Unión Nacional Opositora (UNO), que agrupó a los partidos históricos de la derecha nicaragüense.

Incluso, una facción desprendida del FSLN y comandada por el jefe guerrillero Edén Pastora, uno de sus fundadores e identificado con la socialdemocracia,  también se sumaría a la UNO luego de enfrentar con las armas a la revolución sandinista desde la frontera con Costa Rica. Por su parte el ejército “contra” integrado por soldados y  oficiales del derrotado ejército somocista, operaría desde la frontera nicaragüense con Honduras, asistido logísticamente por EE. UU.

No somos Grenada, ni Nicaragua, pero…

Cualquiera pudiera decir que “Venezuela no es Grenada, ni tampoco Nicaragua”, pero lo cierto de todo es que a la vuelta de año y medio los bolivarianos y la oposición derechista se verán las caras nuevamente en un evento electoral que reviste sin duda alguna altísima importancia por razones obvias, como es la elección para el nuevo período de la Asamblea Nacional, por lo que subestimar el efecto futuro , sobre todo electoral, de la onda expansiva de las referidas misivas críticas de Giordani y Navarro no sería conveniente.

Ante esta eventualidad, puede darse por descontado que ya la derecha venezolana, gracias sobre todo a asesores en guerra sucia, tipo J.J. Rendom, preparan sus misiles “mata votos chavistas”, entre los que destacarán, no debe quedar ninguna duda de ello, el sobre dimensionamiento de las diferencias internas de los chavistas, sobre todo con el tema de la corrupción.

De allí quizás la insistencia de dos avezados periodistas como Eleazar Díaz Rangel y José Vicente Rangel para que el Gobierno del presidente  Nicolás Maduro dé a conocer la lista de los falsos empresarios que desfalcaron a la nación con 20 mil millones de Cadivi, en una especie de mensaje a García para que este pique adelante, y continúe el rumbo trazado por Chávez en materia de lucha contra la corrupción.

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Ya se observa además cómo los medios derechistas comienzan a posicionar el tema de la supuesta agresión gubernamental a una ONG supuestamente indigenista, de nombre Homo e Natura, que dice defender el derecho de los indios Yukpas a sus tierras ancestrales, incluida la supuesta  persecución a su fundador, Lubis Portillo, victimizándolo, desde donde se sostiene que la muerte del cacique Sabino, extrañamente pocos días antes de la elección de Maduro, es responsabilidad del gobierno bolivariano por no darle protección permanente, ni respuesta oportuna a sus demandas.

Por cierto, ¿mera coincidencia?, a la revolución sandinista también se le acusó en una falsa campaña mediática de agredir a los indios Miskitos, buscando su aislamiento internacional y el retiro del apoyo de la militancia pro indigenista de Nicaragua, cuando por el contrario esta población autóctona de la costa atlántica nicaragüense fue dignificada gracias a la revolución.

En el ínterin, la derecha venezolana irá de seguro sacando sus cuentas: “Unos cuantos votos de los jóvenes seguidores del indosocialismo menos para el Psuv por aquí, otros del eco socialismo por allá”, “otros más de la ahora ‘izquierda trasnochada’ más allá”.

Y  otra vez, sorpresa desagradable y peligrosa como la del 14 de abril de 2013, con una campaña que, todos los especialistas coinciden, logró inhibir el voto chavista, manejando los sentimientos de desesperanza e incertidumbre tras la muerte del presidente Chávez,  y con ello la pérdida de unos 600 mil votos de los más de 8 millones obtenidos por el desaparecido presidente Hugo Chávez el 7 de octubre de 2012, y un final de fotografía de apenas 223 mil votos de diferencia según la última actualización del CNE de julio de 2013.

 

 

 

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