Desde hace 2 años hay sonido además de “fuego” en el 23 de Enero en Caracas

desde_hace_1Un taller de fabricación artesanal del Cuatro venezolano, construido a punta de “cayapa” (en colectivo) y “vaca” (aportes voluntarios) de las y  los participantes y facilitadores, sueña con dar el gran salto y expandirse por todas las comunidades posibles, y así demostrar que además de “fuego” bailador, como dice la popular pieza de música “Salsa” de la orquesta Sonora Ponceña, en la popular parroquia caraqueña también hay  sonido.

por Carlos Machado Villanueva

De las manos de una decena de talleristas, paso a paso y una vez encordados saldrá definitivamente el sonido de los cuatros artesanales construidos  en el taller dictado desde hace 2 años por el luthier y miembro fundador del la Red de Constructores del Sonido y uno de sus voceros, Alexánder Paredes,  en la Casa de la Cultura del Bloque Tres del sector Monte Piedad, en la popular y por ello muy musical Parroquia 23 de Enero de Caracas.

“Este Taller tiene esa idea: que todo aquel que tenga esa sensibilidad de la artesanía, pueda llegar hasta acá y aprender cómo fabricar un cuatro. Y la idea de fabricar un cuatro, (tiene que ver) con que a nosotros nos tocó el‘Año nacional del cuatro’, nos toco el ‘Año nacional del joropo’, los patrimonios del Tamunangue, los san pedros. Todas estas manifestaciones a las que se les ha dado una fuerza importante (de difusión) para nosotros trabajar en nuestra cultura venezolana”, dice Paredes.

“Non Sanctum”

El sonido de unas cuerdas percutidas de una bandola llanera intentando el arranque de un llanerísimo “Seis por derecho”, sorprende gratamente al visitante ocasional, cuando se deja escuchar desde las afueras del local de este nada convencional taller. Y ya sabremos por qué.

Los agradables arpegios salen de las manos de un tallerista mientras prueba la calidad del sonido de lo que aún es un instrumento en construcción, pues aún le falta el laqueado a una madera obtenida, digámoslo así,  de un modo “Non Sanctum”. 

Y es que a este taller de fabricación artesanal de instrumentos, y en particular de cuatros venezolanos,  la materia prima esencial no llega como pudiera esperarse en forma de tablones comprados en una carpintería para luego ser cortados con el espesor específico requerido por cada parte  en cuestión a ser construida: mástil (diapasón), tapas, costillas, travesaños armónicos, etc.

Se trataría pues de, “cortes de madera reciclables que nosotros hemos llevado, aquí en el caso del 23 de Enero. Hemos conseguido muebles, porque aquí no tenemos nada de eso, conseguimos escaparates, muebles…”, dice Alexánder Paredes.

A partir de allí los  promontorios de “cachivaches” (muebles viejos) en algún rincón  que aún persisten en la popular parroquia, al parecer se han convertido de un tiempo a esta parte en objetivo clave de los facilitadores de este taller, entonces no será extraño verlos aparecer un sábado cualquiera con su “carga de oro” en el taller de marras.

Paredes le agrega más “ingredientes” al tema de la posibilidad real para cumplir el objetivo de taller, cuando relata que “no tenemos recursos, todo esto lo he traído yo, y una u otras cosas que los compañeros (talleristas) han comprado, como lija, thiner, sellador, tiro, clavitos. Un alicate, una prensa”.

Ello le permite a Paredes acotar algo que no se puede obviar, y es que los talleristas convienen previo al inicio del taller, en dar un aporte de mil 500 bolívares en cómodas cuotas  para la adquisición del “kit” del instrumento, que incluye las clavijas, las cuerdas y los trastes de metal que, aclara, son actualmente de difícil consecución por ser importados.

La ruptura

Lo primero que experimentará el tallerista recién llegado es la ruptura con la forma “escolástica” que aún domina en Venezuela en materia de enseñanza, aunque cada vez menos, según el cual  el estudiante (educando) es conminado a sentarse en un pupitre para recibir un cúmulo de información abstracta sobre el tema de su interés.

Así pues que este se encontrará, además de los “nuevos” igual que él o ella,  con personas que por uno u otra razón entran y sale a cada rato de esta especie de mezanina techada

Y bien se le aparecerá un niño preguntón y curioso -si no, no fuese niño- de todo lo que sus ojos ven en esa especie de “orden en desorden”, también lo hará el típico “jodedor caraqueño” que llega de repente, mete un pedazo de madera puntiagudo en una prensa y comienza a sacarle más punta con una escorfina mientras lanza una de la suyas: “Esta es una pieza para preguntones,  a ver si muero como murió mi abuelo…”, a ver quien cae.

También entrará, por supuesto, quien va a informar sobre un operativo médico-asistencial o de cedulación con actividad cultural incluida organizado por la comunidad organizada o por el colectivo político-cultural que hace vida en el sector.

De allí que quien se entusiasme a dar los primeros pasos como “luthier” de instrumentos de cuerdas, y específicamente del “cuatro venezolano”, en este taller,  irá directo al grano desde el primer día, es decir, a lo concreto, en todos los órdenes al apenas traspasar la puerta y presentarse.

Lo más seguro es que cualquiera de los con-educandos más avanzados lo aborde y con paciencia de ambos,  muy requerida por cierto, comiencen juntos el “abc” de la fabricación artesanal, consistente en darle el corte a la plantilla  preferiblemente de “cartón piedra” que le permitirá luego fabricar tanto la tapa superior como la inferior de la caja sonora.

De entrada, no  se trata de un corte con cualquier “serrucho” ,  sino con uno de  particularísima forma y no tan fácil manipulación, siendo  el interés y la atención prestada por el tallerista a su facilitador la única garantía que le permitirá cumplir este primer paso, no sin los consabidos “pelones” corregidos a tiempo por el acompañante de ocasión.

Construir más allá

Así, en el transcurso de unos 12 sábados continuos, el “formando” verá cómo con sus manos superará cada complejidad oculta en la fabricación de la siguiente parte del instrumento en ciernes, y sólo será cuestión de encordarlo, afinarlo y “afinar” el oído para escuchar su prístino y patrio “cam-bur-pin-tón”.

Enrique, uno de  los talleristas-facilitador- dirá: “Aquí se aprende haciendo, camarada”, con lo que, queriéndolo o no, trae a la memoria el método de aprendizaje del pedagogo brasileño Paulo Freyre, y  detrás de este al de nuestro oportunamente rescatado de olvido, sobre todo  en estos tiempos de  revolución en Venezuela, Maestro Simón Rodríguez.

El reciente establecimiento de un convenio también “Non Sanctum”, que es en este caso como decir “de palabra”, con el Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales (Insapsel), para que trabajadores y trabajadoras de esta institución pública atraídos por este arte y digno oficio se formen en este Taller, le permiten a Alexánder Paredes aguzar su mirada  de “constructor del sonido”  de larga trayectoria y formación , y ver mucho más allá, con una visión integral y abarcadora la realidad actual, el futuro de este oficio en Venezuela..

“Queremos construir un poco más allá. Que haya una idea de más crecimiento. Chico, que no se convierta en tan artesanal (este taller), (sino ver) cómo el Estado puede apoyar con una transferencia de tecnología inclusive. ¿Cómo nosotros podemos lograr eso? Para que Venezuela se convierta en una fábrica de hacer instrumentos musicales”.

Revela que causó molestia en entre algunos luthiers venezolanos -y  si se quiere pequeños productores- que a raíz de la declaratoria por el ministerio para a cultura del “Año Nacional del Cuatro”, el Estado se viese obligado a contratar con China la fabricación de unos 5 mil instrumentos para ser obsequiados en las escuelas primarias del país, cuando pudieron fabricarse en Venezuela de haber contado con la tecnología para una producción  de escala como esa.

Por lo que Paredes cree que es el momento para que en el marco de la reafirmación de los convenios con el gigante asiático, se incluya la transferencia de tecnología para la construcción  de instrumentos de todo tipo, claro que sin dejar por fuera a nuestro Cuatro y nuestra bandola. Sería, como dicen los chinos, un “gran salto” ciertamente.

– ¿Cuál es el impacto en las personas que hacen este taller de fabricación del cuatro venezolano?

– El impacto es maravilloso.  Todo el que empieza a fabricar un instrumento, empieza a trabajar artesanalmente con una madera. Bueno, algunas veces llegamos  a aquí a las  nueve de la mañana y son las seis de la tarde y la gente no se quiere ir. Porque realmente es una pasión fabricar un instrumento.

Estás creando. Por supuesto, como no tenemos la capacidad de espacio y de materiales (…), no podemos hacer una gran bulla porque esto (el local) se llenaría, entonces la gente se decepciona  si no tiene la capacidad de atención.

Tenemos que decir: bueno, tenemos la capacidad como para máximo diez personas por tres meses. Bueno, fabricas tu cuatro y después vendrán otros. Eso pudiera ser.  Pero si uno tiene capacidad, con otros facilitadores, nosotros podemos hacer una gran escuela, una gran fábrica de instrumentos, (ya) que hay unos proyectos en conversación con el ministerio de la cultura para ver si es se puede lograr.

Un llamado

Paredes revela que en el caso del local actual donde funciona este taller, pudiera aprovecharse la platabanda, que posee el doble del espacio rectangular disponible actualmente, unos 50 metros cuadrados, y que incluso ha venido siendo acondicionado por los propios talleristas-facilitadores del sector y esta a la espera del techo.

En medio de la entrevista surge la idea de hacerle un llamado al ministro Ernesto Villegas para que los apoye.

Finalmente, dio a conocer cómo hace poco un grupo de luthiers venezolanos y venezolanas, aunque el prefiere que los llamen “constructores del sonido”, realizaron un congreso constituyente del cual surgió una organización: la Red Venezolana de Constructores del Sonido”, cuyas reflexiones y conclusiones dan para una próxima entrega.

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