“Artigas, la redota”, o como un hombre se hace pueblo

artigas_laredotaCarlos Machado Villanueva

17/09/2014

Anoche pasaba e regreso a casa por la céntrica y añeja  Plaza Candelaria de Caracas (o sección Plaza Urdaneta), cuando de pronto me detuve ante el estropicio a mis espaldas y descubrí, mejor dicho redescubrí la magia del cine, pero sobre todo del cine en pantalla gigante así sea esta inflable como ahora se estila, en particular en el marco de eventos como el Primer Festival Internacional de Cine de Caracas, cuyos organizadores han previsto funciones al aire libre para los simples peatones o viandantes d mi amada ciudad.

Pasaban en ese momento una película uruguaya sobre la vida de su prócer independentista José Artigas, y les confieso que tenía tiempo que no veía un film tan electrizante por lo bien hecho desde todo punto de vista: fotografía, sonido, guión y actuación.

Creo que conmigo coincidirá aquel hombre humilde de nuestro pueblo que sentado delante de mí se levantó de pronto y volteándose hacia mí me dijo: “Me cuida el bolso. Voy a orinar”.

Fue y vino en un santiamén por lo que infiero que hizo su necesidad oculto detrás de algún árbol o pared de la plaza -algo criticable, como lo es también la no colocación de baños portátiles para estas ocasiones-  y regresó de inmediato.

El hombre volvió a su puesto se asomó a ver si estaba su bolso, yo le dijo, “allí está”, me asintió en señal de agradecimiento y alejándose apenas de las hileras de silla sacó un colilla de cigarrillo de uno de sus bolsillo, se acuclilló y mientras veía la pantalla tratando de no perderse una escena más, la encendió y le dio una primera “chupada” que por el gesto de su rostro me convencieron de que a su manera él coincidía conmigo: tenía tiempo que no veía una producción cinematográfica de nuestra Patria Grande tan bien realizada.

Que cómo se llama la película: “Artigas, la redota”

El Prócer uruguayo dice en una escena, “Yo no soy yo. Yo soy ellos”, señalando con un gesto de su cabeza a un grupo de hombres y mujeres de su ejército independentista que hablaban entre sí en su campamento y donde se veían indios e indias charrúas y guaraníes, negros y negras, mestizos y mestizas, blancos y blancas compartiendo. En otra escena, encarnado por un gran actor, Artigas le expresará a su interlocutor que él sueña con un Uruguay donde “Naiden sea más que naiden”, en su hablar gaucho, o como decimos por aquí: llanero.

Por nuestras tierras más recientemente, el desaparecido presidente Hugo Chávez, 200 años depués diría algo similar: “Yo ya no soy yo, yo soy un pueblo, todos somos Chávez”.

Los invito pues a disfrutar de esta brillante producción de nuestro cine nuestroamericano y a descubrir cómo un hombre se hace pueblo. Ah, y también a redescubrir de nuevo a magia de mirar el cine junto a ese “nosotros”, en este caso cinéfilo, tan crucial para que la paz prevalezca en nuestro país, como anoche volvería a comprobar que sí es posible.

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