En la calle pude ver de nuevo a un pueblo con dignidad

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Por Carlos Machado Villanueva

02/01/2018

Esta madrugada para amanecer 29 de diciembre fui testigo de excepción de cómo un pueblo saca sus inagotables fuerzas morales y enfrenta con alegría cualquier adversidad.

Resulta que a varios inquilinos que residimos en el mismo edificio nos correspondió recibir nuestro pernil navideño ofrecido al pueblo por el Gobierno Bolivariano del presidente Nicolás Maduro en la Calle la Blacina del popular y caraqueño sector de Sarría, en la céntrica Parroquia Candelaria.

Pues bien, llegados a la casa de la jefa de Clap, un grupo de alegres jóvenes, entre chanzas y alegría, procedían a distribuir los “combos” respectivos a otros comités locales de abastecimiento popular (Clap) aledaños, unos contentivos de carne de res, pollo y huevos y otros solo de pernil.

Una vez recibidos nuestro pernil, Gerardo –potencial delincuente de su barrio al que, como me confesaría mientras íbamos en su busca, la revolución bolivariana le permitió graduarse ya adulto de abogado- y yo nos vinimos a nuestro edificio y en el trayecto le comenté lo cruel de la guerra económica que está resistiendo nuestro noble pueblo.

El asintió con su cabeza y me comentó que aunque no llegó la caja subsidiada con alimentos que se esperaba recibir junto con esta proteína animal, la gente actuó de manera comprensiva y se conformó con lo recibido.

Mis ojos vieron vi allí en la cola de espera gente abiertamente opositora al gobierno bolivariano junto a los seguidores de éste. Unas vecinas que sospechaban lo largo de la jornada de espera, al menos 2 horas, se pertrecharon de sillitas, café, torticas y bien abrogaditas por el frío que sopla a las faldas de nuestro Waraira Repano por estos días, esperaron en amena cháchara la ansiada y definitiva entrega.

Yo, sentado en un escalón de la vereda, me quedé dormido y Gerardo, displicentemente, me despertó. Al recibir mi pernil, la jefa de los Clap, Mildred, para más señas, una gordita morena y graciosa, pero también de un carácter fuerte -lo que seguramente le llevó a ocupar como lidereza esa tremenda responsabilidad en el sector-, en tono fuerte expresó lo duro que debieron trabajar en los últimos dos días con sus dos noches para hacer posible la entrega en el sector.

Yo estuve a punto de decirle,” Bueno, así es que deben actuar los verdaderos revolucionario: sufrir y luchar junto al pueblo en cualquier circunstancia y no dejarlo solo”, pero me contuve para no poner la nota discordante, y miren que nuestra gente de barrio no lo perdona y el “chalequeo” –la burla- es bárbara.

Ahora que reflexiono mientras escribo estas líneas, me digo: este fue la principal enseñanza de nuestro Hugo Chávez. Es por ello que en el horizonte del 2018 que se avecina se dibuja una nueva victoria de un pueblo que como el venezolano, aprendió muy bien la lección de su Comandante Supremo, quien en su última Proclama no los ordenó por siempre: “Unidad, lucha, batalla y victoria”.

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