Venezuela: se aleja cada vez más la victoria estratégica imperialista, pero cuidado con bajar la guardia

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Carlos Machado Villanueva

07/06/2019

Si en algo tienen claridad las élites  de poder imperialista estadounidenses  es en que  para poner fin  a la revolución bolivariana, como lo  repite sin desparpajo el prepotente Donald Trump,   se requiere  en el menor plazo  posible el resquebrajamiento de  la sólida  consciencia patriótica que aún muestra la mayoría  del pueblo venezolano, no en vano la  inmisericorde guerra psicológica y de desmoralización a la que se le somete diariamente por parte de dictadura mediática imperialista global, ahora con el auxilio de las llamadas redes sociales,  con el fin de minar el apoyo  que le brinda al presidente Nicolás Maduro.

Y  aunque es indudable -luego de 20 año y pesar del desgaste que le ocasionan sus propios errores- que los altos niveles de estabilidad del proceso bolivariano no pueden “taparse con un dedo”; no es menos cierto que ello no  debe llevar al  liderazgo bolivariano-chavista a un triunfalismo suicida, y mucho menos aún,   a que este olvide el mandamiento contundente de Chávez, es decir:  aplicar el “el puño de hierro” de la ley y la Constitución contra quienes atenten de una u otra forma contra  este estado de cosas predominante

Con mucha más razón, si  se está, como de hecho sucede,  frente a un enemigo  con una acumulada experiencia en desestabilización política a nivel internacional, y peor aún: dispuesto, como lo evidencian los hechos histórico a actuar sin escrúpulos de ningún tipo en procura de conservar su hegemonía geopolítica, sobre todo en regiones del mundo y países que estas élites consideren, como es el caso de Latinoamérica y el Caribe, su “patio trasero”, término que incluso retomó recientemente uno de sus voceros más conspicuos, bien por sus riquezas minerales o su ubicación geográfica estratégica, o ambas incluso, como es nuestro caso.

Una muestra de ello y que no puede calificarse de otro modo sino de criminal,   lo constituyes el bloqueo que la han impuesto  a Venezuela para la adquisición, no solo de alimentos, sino también  de medicamentos  claves para salvar vidas humanas,   y en consecuencia provocar la muerte de, hasta ahora, unas cuatro  decenas de pacientes con distintas patologías graves, entre niños, jóvenes y adultos.

En un reciente trabajo, un analista internacional sostenía para el portal ruso Sputnik que la victoria estratégica de estas élites imperialistas, en el caso Venezuela, eran dos: en primer lugar  acabar con el proyecto bolivariano—chavista;  y  en segundo lugar, volver a controlar totalmente  la inmensa riqueza petrolera  y de otros minerales estratégicos que yacen en el subsuelo de este país.

Y es que fracasados los intentos golpistas en procura del codiciado botín, primero contra Chávez y ahora contra Maduro, todo indica que los halcones del Pentágono —hoy con Eliot Abrahams,  John Bolton y Mike Pompeo a la cabeza—, vuelven la atención hacia el plan desestabilización de “mecha lenta”, como lo definió en su oportunidad el propio Chávez.

Más  específicamente, de lo que se trata es de, a mediano plazo, seguir caotizando de tal modo la vida del país, para que en un momento determinado tal situación  lleve a sectores de la población a ver como única salida el arribo al Gobierno de una dictadura de corte  civil o militar -esto último a través de un militar traidor, al cual buscan afanosamente- para  así  “poner orden”; es decir, su orden, o lo que es igual: provocar un baño de sangre  con el exterminio del chavismo y retrotraerno así a la condición de neocolonial mono productora y mono exportadora de materias primas, siempre con el apoyo de la oligarquía nacional y sus pseudo líderes de extrema derecha, hoy liderados por Juan Guaidó.

Como es público y notorio,  ese caos inducido hoy se  manifiesta con preeminencia en el  ámbito de la economía familiar, generando un malestar y una incertidumbre crecientes,  producto por lo general de una escasez e  inflación  también criminalmente inducidas.

Sería irresponsable, entonces, ante tal coyuntura,  no prestar la máxima atención y no actuar para detenerla. Cuando la sensación de caos creciente, de ingobernabilidad, del “sálvese quien pueda”, como sucede hoy con el alza indetenible de los precios de los bienes esenciales- , se instala en el imaginario colectivo, difícilmente puede salir ileso cualquier Gobierno en situación de acoso imperialista como es hoy Venezuela.

Tal vez el caso más emblemático y reciente, el de la tarifa de transporte público. El Ejecutivo, por medio de su ministro de interior, justicia y paz,  dictó una medida y los transportistas se burlan de esta y cobran lo que les viene en gana.

Quienes  hoy juegan a la desestabilización de Venezuela, en particular quienes  dirigen esta estrategia  desde EE UU, tienen mucha experiencia. Saben cuándo han madurado las condiciones socio-psicológicas para imponer, contando con el apoyo de sus aliados internacionales,  su salida, bien por vía electoral o violenta.

Sólo con unas fuerzas revolucionarias organizadas y en permanente movilización, lucha y  contacto con el pueblo y sus vicisitudes, será posible conjurar cualquier plan de acabar con la revolución bolivariana

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