El Cronw Victoria de Mayito

cronw_edit_1

Carlos Machado Villanueva

Los destellos que  desprendían  los rines  y  los rayos de la bicicleta de Mayito Ramírez una vez sometidos ambos a pulitura extrema, ya desde hacía tiempo habían dejado de sorprendernos; al igual que  la impoluta blancura de la banda blanca de sus yantas. Hasta que un buen día se posó ante nosotros un artefacto sorprendente que nos encandiló con su intensísimo brillo a todos por igual; montado iba aquel gago echón de la Valkara quien junto a sus otros dos hermanos lograban revolver la cochina envidia con sus excentricidades, las cuales siempre llegaban al límite de lo inimaginable en su mundo sobre ruedas.

“¡Qué… qué… qué les pa… pa…parece mi ca… ca… cacho e´vaca?”. Mayito se regodeaba así de su nueva ocurrencia frente al rictus de perplejidad de los presentes.  Su bicicleta había pasado a ser por obra y gracia del cromado industrial  una joya de plata rodante con su manubrio en forma de cuernos vacunos.

Uno no sabía qué envidiar más, si su bicicleta,  o si el hecho cierto de no poder ser, no como Ariel,  como rezaba la letra de la pegajosa guaracha pegada en las radios por aquellos días; sino más bien como Mayito. Realmente era sublime verlo con sus “u-ese-queds blancos”. Más aún: la tríada de su  blanquecina  dentadura, la banda blanca de los cauchos de su bici, y sus tenis de goma  también color blanco, le imprimían cierta aura celestial a su presencia. ¡Un santo negro en bici, sí señor!

Y es que si a ver vamos, los Ramírez se convirtieron más rápido de lo que ellos mismos imaginaron en el blanco –otra vez este colorcito- de la inquina de la gente de aquel barrio en el que todos se reconocían pobres de solemnidad. De allí que cualquier intento de aparentar otra cosa desataba una feroz maledicencia. “¡Jajá…! ¿Qué se creerán esos negritos? ¡Ni que fueran las Cuatro Monedas, pues!”, se escapaba de algún parroquiano reunido en grupo cerca de la plazoleta, la misma donde privilegiadamente, dada  su cercanía del único supermercado y  panadería a la redonda, el “viejo” Ramírez construiría el ranchito familiar. Y he allí el asunto: no cualquier rancho.

De aquellas cajas de pino para embalaje de autopartes de vehículos Ford que su padre descargó un buen día en plena plazoleta,  surgió un “ranchazo” que ni qué decir;  el mismo que no tardaría mucho en convertirse en depósito de repuestos de sus sucesivas y despampanantes “naves”, que así se le comenzó a decir a los vehículos nuevos, o de segunda mano en buen estado, que fueron las que sus bolsillos les permitió adquirir a principios de los “70” justo cuando entraron en escena noticiosa las naves espaciales “Apolo”.

Cuando el catire Ángel Mendoza comenzó a frecuentar la nueva casa de los Ramírez, Mirnita, la hija menor de la familia, se había convertido en un “bombón de chocolate”. En su caso particular había funcionado la magia de la hibridación genética de manera casi perfecta; no así en el caso de sus tres hermanos, Carlitos, Mayito y Yeye. Su madre no ocultaba su alegría por aquella relación con el hijo del barbero del barrio, ya que en el futuro esta podría derivar en nos nietecitos “café con leche”, y hasta rubiecitos, quién sabe. En el peor de los casos, “bachaquitos”.

Y si de los hermanos se trataba, estos no tenían reserva alguna a la hora de prestarle al catire Ángel su bici “Cacho é vaca” en incluso el Ford Cronw Victoria dos puertas aquel con “quinta rueda” y todo que vendría después,  y que sería el “hazme morir de envidia” en su momento; eso sí, siempre que lo acompañase de copiloto Mirnita. Nadie más sino Ángel pudo darse aquel gusto en el barrio Mirador del Cafetal. Arrancaba vía este por la calle Valkara; bajaba por la San Antonio, entraba por el “Plan de la Piar, donde en una paradita ambos desfogaban sus febriles pasiones convertidos en un amasijo de cabellos, brazos, labios  y manos, y de nuevo al punto de arranque, aquel garaje a ras de calle de la que pasó a ser luego un casita de bloque y platabanda bien con pretensiones de quintica.

“Co… co… cónchale, cu… cu, cuñao, tremenda pa… pa… pareja hacen usted y me hermana en esa na… na… nave”, los recibía Mayito con su  proverbial gaguera.

Así transcurrirían aquellos días en el Mirador del Cafetal. La atención de los “barrioquianos” sobre los Ramírez cedía, y nadie volvía a mencionarlos: la gente pasaba indiferente por  frente su casa, donde el hermano al que le tocase el turno se encargaba de lavar y pulir el auto de ocasión que siempre quedaba como una tacita de plata. Ay de aquel que se le ocurriera posar su mano y deslizarla involuntarimente sobre este.

Fue justamente Yeye, el mayor de los Ramírez, quien un buen día lograría que ese apellido se hiciese, entonces  sí,  inolvidable por siempre en aquella comarca petareña de cerro arriba. El más corpulento de los Ramírez abrió el capó de su recién adquirida Limosina Ford Conquistador de segunda mano y ante los ojos atónitos de los presentes apareció el primer motor totalmente cromado que hubiesen visto en sus vidas, llegando en acto seguido al colmo de las “ramiradas” a las que ya en cierto modo estábamos acostumbrados.

Yeye se quitó de pronto su franela ovejita impolutamente blanca mientras desafiaba también con un dejo de gaguera:  “A… a… a que paso mi… mi… mi franela varias veces alrededor del motor y sale como si nada…”. Acto seguido procedió a hacer lo propio dejándonos “patitiesos” a todos los presentes y con la lección aprendida. Que por encima de todas aquellas que nos parecieron en su momento meras excentricidades, gracias a los Ramírez aprenderíamos por aquellos días que un buen mantenimiento garantiza la duración de nuestros bienes más preciados, cómo olvidarlos entonces.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s